El concepto de Dios que tenemos los mormones crea unos problemas peculiares. En la luz de historias de violencia divina en el Antiguo Testamento, el problema del Dios que nos da el libre albedrío abre paso al problema aún más grande del deber de imitar: A diferencia de otras sectas de la Cristiandad, que tienen la flexibilidad de enseñar que el Rey Divino actúa de una manera y nos manda de otra–así permitiendo la posibilidad de una vocación pacifista bajo un Dios no pacifista, por ejemplo–según los mormones Dios quiere que sus seguidores imiten su ejemplo, porque ellos también están en el proceso de llegar a ser como Dios. Así que si Dios mata, debe haber situaciones en que se espera que el mormón matará también. Si Dios es violente en la causa del bien, entonces el Mormonismo debe ser una religión violenta.

La clave para resolver este dilema queda en el “menor” problema ya mencionada: el concepto del libre albedrío. El albedrío es uno de los conceptos que forma parte fundamental del Mormonismo, y yo propongo que la doctrina del libre albedrío requiere que Dios sea pacifista.

El albedrío es el derecho de actuar por sí mismo. Los mormones frequentemente lo equivocan con la idea de libre voluntad–un concepto metafísico que rechaza la dicotomía de atributos innatos y adquiridos que se encuentra en las ciencias modernas de la conducta. No obstante, el albedrío es un concepto ético y no metafísico. No implica nada sobre nuestra naturaleza ni de nuestra biología, ni en los efectos de nuestro ambiente y educación sobre nuestras decisiones. No requiere que busquemos excepciones en la física como la relación de indeterminación de Heisenberg, con cuales en vano tratamos de refutar el determinismo. Su única significancia es que Dios no nos forzará a actuar de cierta manera.

Hay una significancia importante en esa afirmación. Dios no usará la fuerza para obligarnos a actuar de cierta manera. Esta idea encuentre el apoyo de Doctrina y Convenios, si estamos de acuerdo de que Dios actúa por medio del sacerdocio: “Ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener en virtud del sacerdocio, sino por persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero”–o sea, por medios pacíficos. Si Dios no usará la fuerza para efectuar su voluntad, entonces El es anarquista pacifista.

Esta idea causa algunos problemas con las escrituras, en particular con el Antiguo Testamento. Una lectura literal de las historias de los hechos violentes de Dios es completamente incompatible con la doctrina del libre albedrío. Afortunadamente, tenemos unas pistas para ayudarnos a saber cómo proceder. El templo, por ejemplo, nos enseña que no se debe tomar todo literalmente. Su instrucción de tomar metafóricamente el cuento de al creación es explícita: Nosotros somos Adán y Eva. Igualmente, historias de desastres y violencia en las escrituras presentan más la condición humana que la naturaleza de Dios. Además, cuando necesario, podemos acudirnos al concepto muy mormón de un canon falible.

La otra consequencia de un Dios pacifista es la necesidad de ser nosotros pacifistas también. Como mencioné arriba, el ideal del Mormonismo es seguir a Dios. La meta de cada mormón sincero es llegar a ser como Dios. Esencialmente, eso incluye ser pacifista–ser dispuesto a ser clavado a la cruz con Jesús antes de ejercer dominio sobre otros en contra de su voluntad. Satanás es quien viola el concepto del albedrío, y cada forma de violencia o coerción es una imitación de El. Así es que el sacerdocio funciona por medio de la persuasión en vez de ser un poder.