Alyssa Peterson

Spc. Alyssa Peterson. Foto del Daily Kos blog.

Alyssa Peterson, una ex-misionera con talento para los idiomas, acababa de recibir su diploma en sicología. No tuvo ninguna razón para dudar lo que sus padres, los medios de comunicación, y hasta los líderes en la iglesia siempre estaban diciendo: que su país, los Estados Unidos, estaba trayendo democracia al mundo y liberando los pueblos oprimidos. En un momento difícil para su nación, decidió hacer lo que parecía algo muy honorable: se juntó con el ejército. La joven soldado estudiaba árabe en preparación para trabajar como intérprete y interrogadora de prisioneros.

Mientras tanto, dos otros miembros de la iglesia también trabajaban para el gobierno estadounidense. Bruce Jessen era sicólogo, y estaba diseñando unos nuevos métodos de interrogación para la CIA. Esos métodos incluyeron la tortura de los prisioneros. Jay Bybee, abogado para la procuraduría general firmó unos documentos autorizando el uso del programa de tortura diseñado por Jessen con los prisoneros de la guerra contra el terrorismo.

Alyssa aprendió árabe sin ningún problema y el ejército la mandó a Tel Afar en el Medio Oriente. Amaba la gente de allá y le encantaba platicar con los encarcelados. A veces sus supervisores la regañaban por tener demasiado compasión para con los prisioneros. Durante su despliegue en Irak, llegaron las instrucciones para el nuevo programa de tortura. Ella inmediatemente se dio cuenta que lo que les pedían hacer fue malo, y rehusó participar en el programa. Hizo una denuncia con sus supervisores, pero en vez de escucharla, la castigaron.

No pudo creer que su país, que ella siempre pensaba honorable y una luz para el mundo, haría algo tan horrible. Probablemente pensaba en su religión también. ¿No le habían dicho en la iglesia que tenían que orar para los soldados, porque estaban también haciendo el trabajo del Señor al proteger la nación que El levantó? Los líderes de la iglesia no pudieron haberse equivocados: Son inspirados por Dios. Y Dios no haría tal cosa, ¿o sí? De repente su mundo ya no tenía sentido; las cosas no eran tan sencillas como siempre pensaba.

Los otros soldados se burlaban de ella. Sus supervisores le asignaron a prevención de suicidios, pero irónicamente, en la capacitación para esos deberes, aprendió escapar de su dilema. Se suicidó. Alyssa Peterson, una joven soldado que rehusó torturar a prisioneros y denunció el programa, pero no podía cambiar el mundo tan perverso, decidió también rehusar ser parte de ello. Prefirió morir en vez de traicionar su conciencia. Es un honor pertenecer a la misma iglesia como Alyssa.

A los villanos les fue mejor. Jay Bybee fue recompensado por su autorización del programa de tortura con un puesto como juez federal. Bruce Jessen fue llamado como obispo de su barrio en Spokane, WA, aunque renunció una semana después cuando pareció que iba a causar un escándalo para la iglesia.

También Jesucristo murió por su simpatía para con los inicuos y rechazados del mundo mientras los que apoyaron el gobierno disfrutaban de los beneficios del poder. Ellos, según Jesús, fueron los verdaderos inicuos.

La historia de Alyssa Peterson se publicó en el diario The Salt Lake Tribune, y también Ron Madson hizo mención de ella en el blog del Mormon Worker (versión inglés).