Ayer el diario The Salt Lake Tribune imprimió una carta bajo el título “Mujer, conoce tu lugar.” Esta carta fue escrito por un miembro de la iglesia que está ofendido de la idea de una mujer dirigiendo la oración en conferencia general (cosa que, según rumores, va a pasar en esta conferencia por primera vez en la historia de la iglesia). Entre otras cosas, la carta dice:

El Apóstol Pablo dijo divinamente en 1 Corintios 13:34-35: “Vuestras mujeres callen en las congregaciones, porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como dice también la ley. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos, porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.”

La mujer fue creada para el hombre; este mundo se hizo para que los hombres dirijeran las familias y las oraciónes. El hombre fue creado en el imagen de Dios — no en el imagen de una mujer.

Desafortunadamente esta actitud no es tan poco común. Recientemente un grupo de mujeres decidió llevar pantalones a la iglesia un domingo para fortalecer su valor y encontrar a sus hermanas espirituales que sufren de un sentimiento de desigualdad. Aunque no hay regla contra lo que hicieron — la iglesia respondió a las noticias del evento diciendo: “Generalmente se les insta a los miembros de la iglesia a llevar puesta su mejor ropa para mostrar respeto al Salvador, pero nuestros consejos no van mas allá que eso” — muchos miembros más conservadores fueron muy ofendidos de la idea de una mujer en pantalones. Varios escribieron sentimientos similares a lo siguiente en la página de Facebook de ese grupo:

Lo chistoso de este grupo es que están peleando para “igualdad” por medio de llevar pantalones. ¿En verdad? Yo respeto a las mujeres, pero no respeto a tontas feministas putas que están arruinando las tradiciones y los estandares de nuestra cultura y nuestra religión. Me gustaría felicitar a las personas de esta página por hacer un gran paso hacía atrás para la feminidad. Perderán más repeto que ganan con este movimiento.

Esta actitud es gran problema en sí, pero también es causa de mucha animosidad contra la iglesia. ¿Cómo podemos compartir el evangelio — las buenas noticias que Dios ama a todos sus hijos — si estamos enseñando por nuestros actos qué solamente pensamos que la mitad de ellos tienen valor? O, mejor dicho, ¿Qué podemos hacer para cambiar estas actitudes y fomentar un respeto entre nosotros para todos los hijos e hijas de nuestro Padre y Madre Celestial?

Es interesante mencionar en este contexto la historia de Lilit. Lilit fue un demonio femenino del foclore judío medieval — se consideraba que era la primera esposa de Adán. Según la leyenda, ella fue hecha al mismo tiempo que Adán, cuando “creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (Génesis 1:27) Lilit pronto abandonó a Adán cuando éste quiso dominar a ella. Rehusó ser sumisa, diciendo: “Yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual.” Entonces Dios creó a Eva de la costilla de Adán (Génesis 2:21-22). Lilit fue considerada demonio por el patriarcado que tuvo miedo de la mujer liberada. Ella es la verdadera Eva — desde comer del fruto el destino de Eva era volverse Lilit, es decir, liberarse y reclamar su propio lugar como igual de Adán. Ha sido una larga historia con más éxito en algunas épocas que en otras. Me hace querer preguntar si mi esposa dejará que nombremos a nuestra hija “Lilit.”

Tal vez es más interesante mencionar a Junia, el apóstol femenino. En Romanos 16:7 Pablo dice: “Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y mis compañeros de prisiones, los que son muy estimados por los apóstoles, quienes también fueron antes de mí en Cristo.” En los manuscritos más antiguos del nuevo testamento — y por tanto en muchas traducciones de la biblia — dice “Junia” en vez de “Junias” (dos manuscritos hasta dicen “Julia”). “Junia” es nombre femenino. Además de eso, muchas traducciones prefieren “muy estimados entre los apóstoles” o “prominentes entre los apóstoles” en vez de “muy estimados por los apóstoles.” Varios teólogos modernos creen que Junia realmente fue una mujer apóstol. Los manuscritos fueron cambiados en la edad media para decir “Junias” — un nombre masculino — en lugar de “Junia.” Obviamente una mujer apóstol es un verdadero peligro para el patriarcado.

Pero tampoco necesitamos salir de nuestra tradición religiosa para encontrar apoyo para igualdad entre hombre y mujer. Hasta José Smith estaba preparando para dar el sacerdocio a las mujeres justo antes que murió. Después de la organización de la Sociedad de Socorro les dijo a las hermanas que iba a “hacer de esta Sociedad un reino de sacerdotes como en los días de Enoc — como en los días de Pablo.” (En 1992 un Presidente de los Setenta, Loren C. Dunn, quitó esas palabras de una exhibición del Museo de Arte e Historia de la Iglesia.) También les dijo a las hermanas de la nueva Sociedad de Socorro que “se les iba a dar las llaves del reino para que pudieran identificar toda cosa falsa, así como a los élderes.” Después de la muerte de José Smith, las cosas cambiaron casi inmediatamente, con Brigham Young diciendo: “Las mujeres no tienen derecho de meterse en los asuntos del Reino de Dios.” No obstante, las mujeres siguieron dando bendiciones a los enfermos en el templo por muchos años después, en ciertas ocasiones hasta ungiendo al enfermo con aceite.

Hemos viajado muy lejos de lo normal en esta lectura, y quizás será un poquito incómodo para algunos, pero la plenitud del evangelio incluye la igualdad entre mujeres y hombres. Mientras consideramos a Lilit como demonio, no entendemos la igualdad; estamos atrapados en las actitudes de los hombres mencionados arriba quienes son, en verdad, una vergüenza para los verdaderos SUD. En el aspecto de igualdad debemos seguir a Jesucristo y no necesariamente a palabras misóginas que se atribuyen a Pablo. Hasta que sigamos el ejemplo del Salvador, no estamos disfrutando de todas las bendiciones que el Señor nos tiene preparadas, ni tampoco estamos preparados para Su venida.

Espero que las mujeres de la iglesia puedan conocer su lugar. Está en el púlpito, con igualdad con los hombres.