Por Sangregorda

Acabo de volver de la Iglesia y no recuerdo haber salido de la capilla con un sentimiento más triste desde hace mucho mucho tiempo.

La última clase del día fue la de Sociedad de Socorro, y estaba basada en un artículo de la Liahona republicado hace un par de años pero de la conferencia general de 1982, dado por Marion G. Romney.

Tal y como se ha dado, venía  a decir lo siguiente:

1 – que el trabajo es un principio enseñado desde el principio y que, junto con la autosuficiencia, son indispensables para la libertad del hombre.

El trabajo es consecuencia del estado caído del hombre (“ganarás el pan con el sudor de tu frente”) y la libertad (libre albedrío) no es consecuencia de el trabajo sino una condición en la que nace el ser humano GRACIAS al Salvador, que se ofreció a pagar el precio de los errores que cometeríamos como producto de nuestra libertad. La independencia económica no es sinónimo de libertad.

Si el trabajo es un principio enseñado desde el principio también debería serlo el dolor en el parto, consecuencia también de la caída, y enseñarse en las clases de Sociedad de Socorro que los métodos analgésicos en el parto son contrarios a los principios “enseñados desde el principio” ¿no?.

Más bien el mérito exagerado y la virtud del trabajo es una enseñanza protestante, como bien estudió Weber en su obra “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” del que pego el resumen de wikipedia a continuación:

“En suma, podemos sintetizar el análisis de Weber a este respecto en dos puntos:

  • La adquisición del dinero es casi el valor supremo de la vida.
    • El ejercicio constante de una profesión —el trabajo— es una manera tan privilegiada para adquirir el dinero, que se presenta varias veces como fin, no como medio.
    • Racionalidad. Es el trabajo que busca las maneras más adecuadas para obtener la máxima cantidad de riqueza. Los protestantes, que son la mayoría de la población, «han mostrado singular tendencia hacia el racionalismo económico, tendencia que ni se daba ni se da entre lo católicos, en cualquier situación en que se encuentren.» Weber (1999:32)
    • La austeridad. Ella hace que se use mínimamente la riqueza acumulada. Aunada a las tres características precedentes, da lugar a una creciente acumulación de riqueza, o de capital por medio del ahorro.
  • La descripción de la ética protestante, con dos grandes características:
    • El ascetismo: «Y del mismo modo podría explicarse el fenómeno no menos frecuente y curioso […] de que muchas casas parroquiales hayan sido el centro creador de empresas capitalistas de amplios vuelos, lo que podría interpretarse como una reacción ascética de la juventud. Pero esta reacción falla cuando se dan al propio tiempo, en una persona o colectividad, la virtud capitalista del sentido de los negocios y una forma de piedad intensa, que impregna y regula todos los actos de la vida; y esto no se da solo en casos aislados, sino que precisamente constituye un signo característico de grupos enteros de las sectas e iglesias más importantes de protestantismo.» Weber (1999:36,36)
    • El enriquecimiento como señal de predestinación a la salvación eterna.”

En nuestra Iglesia, a nivel popular, no se considera el enriquecimiento como señal de predestinación a la salvación eterna exactamente, sino como una clara señal de rectitud, basándose en la aplicación errónea (para más explicación leer libro de Job) de las escrituras que dicen que si guardas los mandamientos prosperas en la tierra.

¿Quiero decir con esto que el trabajo es malo? En absoluto, es un medio para ganarse la vida en este estado de cosas, en el “mundo triste y solitario”, y estoy segura de que, como otras pruebas, puede convertirse en experiencia trascendental de progreso espiritual pero no creo que el trabajo remunerado sea, en sí mismo, una herramienta de salvación.

2 – Que los programas gubernamentales de asistencia a los desempleados merman la autoestima de las personas y pueden coartar su libertad.

Me indigna especialmente este particular. Los programas gubernamentales de protección social están diseñados para proteger a los estratos más desfavorecidos de los desmanes del capitalismo salvaje, de la explotación de seres humanos para aumentar la acumulación de riqueza en unas pocas manos y para paliar las injusticias de una sociedad que “yace en el pecado” por causa de las desigualdades.

Hablemos de libertad con un ejemplo práctico: un padre/madre de familia que se queda sin empleo, en España tiene una cobertura de hasta un año de prestación (que ha pagado previamente con las retenciones practicadas en su nómina) que le permite vivir a él y a su familia mientras encuentra otro empleo y también le permite discriminar hasta cierto punto aquellos empleos que pretendan pagar salarios claramente insuficientes. El mismo padre/madre, en un país sin leyes que protejan al trabajador o sin sistemas de protección social, tendrá que aferrarse a cualquier empleo, por mal pagado que esté, que permita que su familia sobreviva la semana siguiente. ¿Quién es más libre?

Comprendo que la derecha norteamericana se ponga de uñas cuando se hable de implementar programas de protección social pero, por favor, que no me digan que si votamos a partidos que favorecerán estas políticas ponemos en peligro la libertad de los ciudadanos. El capital sí que pone en peligro esa libertad como pudieron comprobar con espanto Brigham Young y los otros misioneros que sirvieron en la Inglaterra industrial del siglo XIX, cuando los trabajadores estaban totalmente desprotegidos y a expensas del capital.

Sin igualdad no hay libertad, nos enseña el Libro de Mormón.

Lo que me parece ofensivo es ese tono superior de clase media de quien piensa que quienes acuden a los subsidios son holgazanes y vagos “chupando” de la teta del gobierno. Y esto me recuerda a la escritura de Mosiah 4:

17  Tal vez adirás: El hombre ha traído sobre sí su miseria; por tanto, detendré mi mano y no le daré de mi alimento, ni le impartiré de mis bienes para evitar que padezca, porque sus castigos son justos.

 18  Mas, ¡oh hombre!, yo te digo que quien esto hiciere tiene gran necesidad de arrepentirse; y a menos que se arrepienta de lo que ha hecho, perece para siempre, y no tiene parte en el reino de Dios.

3 – Las personas a quienes se les dan ayudas se vuelven perezosas como sucedió a las “gaviotas malacostumbradas” de la historia que refieren.

Me sorprende que Dios no estuviera enterado de esto cuando decidió mantener con subsidios celestiales de maná a su pueblo durante ¡cuarenta años!. ¿En qué estaba pensando? ¿No sabía que se volverían dependientes, débiles y perezosos? Vaya, me pregunto qué historia enseña verdaderos principios celestiales, la de las gaviotas o la del pueblo de Israel.

4 –  “La… Iglesia no está de acuerdo con ningún sistema que deje a las personas capacitadas en un estado de dependencia permanente y, por el contrario, insiste en que la función y el propósito verdaderos de ofrecer asistencia son ayudar a las personas a alcanzar una posición en la que puedan valerse por sí mismas y, de ese modo, ser libres”

Esta es una cita que se remonta a un curso de estudio de 1946.

Si bien está claro que no es deseable prolongar el estado de dependencia de un ser humano capacitado para el trabajo (ni obligarlo a aceptar un trabajo de mera subsistencia en condiciones de explotación, quiero pensar) me gustaría también recordar un post de este mismo blog llamado “La red de Seguridad Social” en que un hermano comentaba que la posición contradictoria de la Iglesia, hoy en día, respecto a este tema y cito:

“Por eso me fue una sorpresa grande cuando me llamaron obispo, enterarme que la prioridad en cuanto a la iglesia y el gobierno se había cambiado.  Normalmente la iglesia ayudaría solo en casos de emergencia, y en casos de largo plazo deberíamos buscar recursos de “la comunidad,” que quiere decir agencias del gobierno”

5 – Por último avisa sobre los peligros de votar de manera “pancista” de manera que puede aplicarse al peligro de votar a partidos que defiendan los programas de protección social que puedan beneficiarnos

pero para ser justa, este párrafo se encuentra justo debajo de la parte en que arremete contra los capitalistas que no invierten a menos que el gobierno les garantice las ganancias aunque presupone que los principales holgazanes son los pobres ya que dice que  “El hábito de codiciar y recibir beneficios inmerecidos se ha vuelto tan común en nuestra sociedad que hasta las personas adineradas, que poseen los medios para producir más riquezas, esperan que el gobierno les garantice una ganancia.” Hasta las personas adineradas… que por supuesto son las más trabajadoras, diligentes y rectas supongo.

Luego dice

“Muchas veces, los resultados de las elecciones dependen de lo que los candidatos prometan hacer por los votantes con los fondos del gobierno; si esta práctica se aceptara e implantara en forma general en cualquier sociedad, convertiría en esclavos a sus ciudadanos.

No podemos permitirnos el lujo de quedar bajo la custodia del gobierno, ni siquiera si tenemos el derecho legal de hacerlo, pues eso nos exige un gran sacrificio de nuestra autoestima y de nuestra independencia política, temporal y espiritual.”

Creo que el comportamiento actual de los mercados, influyendo hasta el punto de exigir modificaciones constitucionales en algunos países, sí que está convirtiendo en esclavos a los ciudadanos, dañando sus democracias, libertades, sistemas sociales y modos de vida tanto o peor que cualquier gobierno comunista del pasado o el presente con quienes, desde luego, tampoco estoy de acuerdo.

En resumen, el artículo tiene partes excelentes, y varias lecturas, pero tal como se ha enseñado en clase y salvo que se le preste una imaginativa mirada, parece destinado a inclinar definitivamente la opinión en contra de los sistemas de protección social. Pocos europeos informados y/u orgullosos de sus sistemas de bienestar social respaldarían semejantes opiniones (sobre la merma de la libertad por la existencia de ayudas sociales).

Es hora de aparcar la guerra fría y discontinuar con la identificación gobierno=satanás tan común al conservadurismo norteamericano. Hay vida más allá de Wisconsin, por favor, téngannos en cuenta.

Sólo me queda esperar el cumplimiento de las profecías y trabajar por la llegada del día en que la mal llamada autosuficiencia será algo real, y cada uno “disfrutará la obra de sus manos” como decía Isaías y no trabajará para enriquecer a unos pocos.

” las cifras que demuestran el imparable avance y por la tenaz concentración de la riqueza acumulada en muy pocas manos. Los ocho millones trescientas mil personas millonarias del 2004 son un número insignificantes ante los seis mil quinientos millones de habitantes del planeta y ni que decir de los millones de millones de pobres del mundo que también continúan aumentando”