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Para los que no sabían, hoy la hermana Jean A. Stevens, Primera Consejera en la Presidencia General de la Primaria, dio la última oración en la primera sesión de la Conferencia General. Es la primera vez en la historia de la Iglesia que una mujer ha ofrecido una oración en la Conferencia General. Cosa pequeña, a lo mejor, pero un paso importante hacia la igualdad. La foto vino del blog Feminist Mormon Housewives.

Jean A. Stevens

Ayer el diario The Salt Lake Tribune imprimió una carta bajo el título “Mujer, conoce tu lugar.” Esta carta fue escrito por un miembro de la iglesia que está ofendido de la idea de una mujer dirigiendo la oración en conferencia general (cosa que, según rumores, va a pasar en esta conferencia por primera vez en la historia de la iglesia). Entre otras cosas, la carta dice:

El Apóstol Pablo dijo divinamente en 1 Corintios 13:34-35: “Vuestras mujeres callen en las congregaciones, porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como dice también la ley. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos, porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.”

La mujer fue creada para el hombre; este mundo se hizo para que los hombres dirijeran las familias y las oraciónes. El hombre fue creado en el imagen de Dios — no en el imagen de una mujer.

Desafortunadamente esta actitud no es tan poco común. Recientemente un grupo de mujeres decidió llevar pantalones a la iglesia un domingo para fortalecer su valor y encontrar a sus hermanas espirituales que sufren de un sentimiento de desigualdad. Aunque no hay regla contra lo que hicieron — la iglesia respondió a las noticias del evento diciendo: “Generalmente se les insta a los miembros de la iglesia a llevar puesta su mejor ropa para mostrar respeto al Salvador, pero nuestros consejos no van mas allá que eso” — muchos miembros más conservadores fueron muy ofendidos de la idea de una mujer en pantalones. Varios escribieron sentimientos similares a lo siguiente en la página de Facebook de ese grupo:

Lo chistoso de este grupo es que están peleando para “igualdad” por medio de llevar pantalones. ¿En verdad? Yo respeto a las mujeres, pero no respeto a tontas feministas putas que están arruinando las tradiciones y los estandares de nuestra cultura y nuestra religión. Me gustaría felicitar a las personas de esta página por hacer un gran paso hacía atrás para la feminidad. Perderán más repeto que ganan con este movimiento.

Esta actitud es gran problema en sí, pero también es causa de mucha animosidad contra la iglesia. ¿Cómo podemos compartir el evangelio — las buenas noticias que Dios ama a todos sus hijos — si estamos enseñando por nuestros actos qué solamente pensamos que la mitad de ellos tienen valor? O, mejor dicho, ¿Qué podemos hacer para cambiar estas actitudes y fomentar un respeto entre nosotros para todos los hijos e hijas de nuestro Padre y Madre Celestial?

Es interesante mencionar en este contexto la historia de Lilit. Lilit fue un demonio femenino del foclore judío medieval — se consideraba que era la primera esposa de Adán. Según la leyenda, ella fue hecha al mismo tiempo que Adán, cuando “creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (Génesis 1:27) Lilit pronto abandonó a Adán cuando éste quiso dominar a ella. Rehusó ser sumisa, diciendo: “Yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual.” Entonces Dios creó a Eva de la costilla de Adán (Génesis 2:21-22). Lilit fue considerada demonio por el patriarcado que tuvo miedo de la mujer liberada. Ella es la verdadera Eva — desde comer del fruto el destino de Eva era volverse Lilit, es decir, liberarse y reclamar su propio lugar como igual de Adán. Ha sido una larga historia con más éxito en algunas épocas que en otras. Me hace querer preguntar si mi esposa dejará que nombremos a nuestra hija “Lilit.”

Tal vez es más interesante mencionar a Junia, el apóstol femenino. En Romanos 16:7 Pablo dice: “Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y mis compañeros de prisiones, los que son muy estimados por los apóstoles, quienes también fueron antes de mí en Cristo.” En los manuscritos más antiguos del nuevo testamento — y por tanto en muchas traducciones de la biblia — dice “Junia” en vez de “Junias” (dos manuscritos hasta dicen “Julia”). “Junia” es nombre femenino. Además de eso, muchas traducciones prefieren “muy estimados entre los apóstoles” o “prominentes entre los apóstoles” en vez de “muy estimados por los apóstoles.” Varios teólogos modernos creen que Junia realmente fue una mujer apóstol. Los manuscritos fueron cambiados en la edad media para decir “Junias” — un nombre masculino — en lugar de “Junia.” Obviamente una mujer apóstol es un verdadero peligro para el patriarcado.

Pero tampoco necesitamos salir de nuestra tradición religiosa para encontrar apoyo para igualdad entre hombre y mujer. Hasta José Smith estaba preparando para dar el sacerdocio a las mujeres justo antes que murió. Después de la organización de la Sociedad de Socorro les dijo a las hermanas que iba a “hacer de esta Sociedad un reino de sacerdotes como en los días de Enoc — como en los días de Pablo.” (En 1992 un Presidente de los Setenta, Loren C. Dunn, quitó esas palabras de una exhibición del Museo de Arte e Historia de la Iglesia.) También les dijo a las hermanas de la nueva Sociedad de Socorro que “se les iba a dar las llaves del reino para que pudieran identificar toda cosa falsa, así como a los élderes.” Después de la muerte de José Smith, las cosas cambiaron casi inmediatamente, con Brigham Young diciendo: “Las mujeres no tienen derecho de meterse en los asuntos del Reino de Dios.” No obstante, las mujeres siguieron dando bendiciones a los enfermos en el templo por muchos años después, en ciertas ocasiones hasta ungiendo al enfermo con aceite.

Hemos viajado muy lejos de lo normal en esta lectura, y quizás será un poquito incómodo para algunos, pero la plenitud del evangelio incluye la igualdad entre mujeres y hombres. Mientras consideramos a Lilit como demonio, no entendemos la igualdad; estamos atrapados en las actitudes de los hombres mencionados arriba quienes son, en verdad, una vergüenza para los verdaderos SUD. En el aspecto de igualdad debemos seguir a Jesucristo y no necesariamente a palabras misóginas que se atribuyen a Pablo. Hasta que sigamos el ejemplo del Salvador, no estamos disfrutando de todas las bendiciones que el Señor nos tiene preparadas, ni tampoco estamos preparados para Su venida.

Espero que las mujeres de la iglesia puedan conocer su lugar. Está en el púlpito, con igualdad con los hombres.

Alyssa Peterson

Spc. Alyssa Peterson. Foto del Daily Kos blog.

Alyssa Peterson, una ex-misionera con talento para los idiomas, acababa de recibir su diploma en sicología. No tuvo ninguna razón para dudar lo que sus padres, los medios de comunicación, y hasta los líderes en la iglesia siempre estaban diciendo: que su país, los Estados Unidos, estaba trayendo democracia al mundo y liberando los pueblos oprimidos. En un momento difícil para su nación, decidió hacer lo que parecía algo muy honorable: se juntó con el ejército. La joven soldado estudiaba árabe en preparación para trabajar como intérprete y interrogadora de prisioneros.

Mientras tanto, dos otros miembros de la iglesia también trabajaban para el gobierno estadounidense. Bruce Jessen era sicólogo, y estaba diseñando unos nuevos métodos de interrogación para la CIA. Esos métodos incluyeron la tortura de los prisioneros. Jay Bybee, abogado para la procuraduría general firmó unos documentos autorizando el uso del programa de tortura diseñado por Jessen con los prisoneros de la guerra contra el terrorismo.

Alyssa aprendió árabe sin ningún problema y el ejército la mandó a Tel Afar en el Medio Oriente. Amaba la gente de allá y le encantaba platicar con los encarcelados. A veces sus supervisores la regañaban por tener demasiado compasión para con los prisioneros. Durante su despliegue en Irak, llegaron las instrucciones para el nuevo programa de tortura. Ella inmediatemente se dio cuenta que lo que les pedían hacer fue malo, y rehusó participar en el programa. Hizo una denuncia con sus supervisores, pero en vez de escucharla, la castigaron.

No pudo creer que su país, que ella siempre pensaba honorable y una luz para el mundo, haría algo tan horrible. Probablemente pensaba en su religión también. ¿No le habían dicho en la iglesia que tenían que orar para los soldados, porque estaban también haciendo el trabajo del Señor al proteger la nación que El levantó? Los líderes de la iglesia no pudieron haberse equivocados: Son inspirados por Dios. Y Dios no haría tal cosa, ¿o sí? De repente su mundo ya no tenía sentido; las cosas no eran tan sencillas como siempre pensaba.

Los otros soldados se burlaban de ella. Sus supervisores le asignaron a prevención de suicidios, pero irónicamente, en la capacitación para esos deberes, aprendió escapar de su dilema. Se suicidó. Alyssa Peterson, una joven soldado que rehusó torturar a prisioneros y denunció el programa, pero no podía cambiar el mundo tan perverso, decidió también rehusar ser parte de ello. Prefirió morir en vez de traicionar su conciencia. Es un honor pertenecer a la misma iglesia como Alyssa.

A los villanos les fue mejor. Jay Bybee fue recompensado por su autorización del programa de tortura con un puesto como juez federal. Bruce Jessen fue llamado como obispo de su barrio en Spokane, WA, aunque renunció una semana después cuando pareció que iba a causar un escándalo para la iglesia.

También Jesucristo murió por su simpatía para con los inicuos y rechazados del mundo mientras los que apoyaron el gobierno disfrutaban de los beneficios del poder. Ellos, según Jesús, fueron los verdaderos inicuos.

La historia de Alyssa Peterson se publicó en el diario The Salt Lake Tribune, y también Ron Madson hizo mención de ella en el blog del Mormon Worker (versión inglés).

Por Nat Kelly (traducción libre del original “Rethinking the values: Faith” publicado en Feminist Mormon Housewifes)

Vivimos en un ancho y variado mundo. Si todo lo que haces en el día es flipar frente al televisor ya será suficiente como para ser bombardeada con mensajes, directos o indirectos, que intentan venderte algo – una idea, un producto, ocio, o incluso una visión del mundo. En este hermoso y ancho mundo, hay muchas maravillas, excitación y conocimiento. Hay también mucho que es destructivo y dañino. Y en medio de toda esa mezcla hay otro montón que es muy interesante y bastante bueno.
 A todo esto a menudo oirás mensajes diciéndote que tengas fe. Y es difícil saber, siempre, exactamente, qué fe es o dónde ponerla.

Puede que hayas oído que la fe significa aceptar lo que se te dice, incluso aunque no encuentres razón racional para creerlo. Esta es una versión de la fe bastante sombría y diluida. La fe no es aceptar algo aunque no veas la razón para hacerlo. No es tomar la palabra de otra persona por la verdad absoluta. No es sofocar preguntas, incomodidad o dudas y que te sientas obligada a forzarte a creer.   

Lo que espero transmitirte cuando te hablo de la fe es una fe que trasciende dogmas y regulaciones. Lo que espero cuando te impulso a tener fe es una fe basada en acción y esperanza.
Puede ser duro saber en qué creer. Sé por experiencia, que casi todo lo que parecía seguro y firme en un punto puede volverse incierto más tarde. De todas las cosas en las que alguna vez he creído, sólo hay una que nunca me ha fallado – y esa es el amor.

Cuando las cosas se ponen difíciles, y sientes que estás “viendo como a través de un cristal, oscuramente”, ten fe en el amor. El amor de Dios, el amor de la familia, el amor de los amigos y el amor a ti misma. Experimentarás subidas y bajadas durante tu vida pero si consigues mantener la fe en el amor, te encontrarás a ti misma creando amor en espacios donde no se podía hallar antes.

Tener fe en el amor es algo poderoso. Te expande. Te conforta. Y lo más importante, te ayuda a creer lo suficiente como para actuar.

La fe real es la fe activa. Es acción fundada y motivada por el amor. La fe puede llevarte a acciones que requieran verdadero heroísmo y llegar así a gente por todo el globo.

Puede llevarte a acciones que son pequeñas, y sin embargo poderosas. Mientras tengas amor en tu corazón, y lo manifiestes a través de tus acciones, pasarás por las situaciones y estarás bien.

Cuatro jóvenes estudiantes negros tuvieron fe en sí mismos en Febrero de 1960. Encarando la violencia física y un increíble acoso ocuparon cuatro asientos en una barra para blancos de un local segregado en Greensboro, Carolina del Norte. Su pacífica fe y su profunda fortaleza inspiraron a cientos más en su comunidad a creer, y eventualmente su amor se extendió a través del país. De manera asombrosa, su fe prevaleció. El amor venció al odio.

Como miembros de la iglesia SUD tienes una herencia de fe. Hombres y mujeres se sacrificaron enormemente para establecer esta comunidad. Tuvieron fe unos en otros, en lo que podían lograr, y en su visión compartida; y pusieron todo lo que tenían en esa fe. Los pioneros que atravesaban las planicies no lo hicieron a ciegas, sólo porque alguien se lo dijo. Eso nunca les hubiera dado la suficiente fortaleza para conseguirlo. Sino que fueron conducidos e inspirados por su amor a la comunidad y a Dios. Tenían la suficiente fe como para avanzar, un día tras otro, y seguir viviendo.

Alice Paul tenía fe en su visión para el futuro. Sin pararse a pensar en el ridículo o la amenaza para su seguridad, incluso en la cruel tortura, ella, y millones como ella, se negaron a dejar de luchar por obtener el sufragio femenino. El fruto de su fe, el derecho femenino a votar, puedes sentirlo hoy, directamente, en tu vida, casi un siglo después de su lucha. Esa es una fe poderosa.

Toda esa gente era gente de fe. Y por fe no me refiero a gente de ninguna religión en particular. Quiero decir gente que tenía fe en la visión de un futuro mejor, y la valentía de actuar en base a esa visión.
No es una fe pasiva la que reside en tu corazón. Es una fe activa la que vive en tus manos, tus pies y tu voz.

Este es un hombre de fe.

Esta es una mujer de fe.

Hay mucho que necesita ser cambiado en este mundo. Se nos ha dicho que si tenemos la fe suficiente, podemos mover montañas. Quizá en nuestro tiempo las montañas no son lo que realmente necesita moverse. Un mundo lleno de violencia y opresión, con tanto potencial para la belleza, es lo que realmente necesita ser movido. Si escoges el amor, y tienes fe en ti misma, podrás tener el poder suficiente como para comenzar ese movimiento.

En este día de la mujer, tan vinculado históricamente a la mujer obrera y progresista y a su lucha por reivindicar igualdad y justicia a todos los niveles, esta entrada va dedicada a todas ellas, las que aún luchan por la justicia social, por el reconocimiento de sus derechos, y por el futuro de sus hijos.

Y por todas aquellas que han decidido dejar atrás un pasado de forzada abnegación dando paso a una entrega libre y total a su condición de mujeres. Sea lo que sea que eso signifique para ellas.