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Por Nat Kelly (traducción libre del original “Rethinking the values: Faith” publicado en Feminist Mormon Housewifes)

Vivimos en un ancho y variado mundo. Si todo lo que haces en el día es flipar frente al televisor ya será suficiente como para ser bombardeada con mensajes, directos o indirectos, que intentan venderte algo – una idea, un producto, ocio, o incluso una visión del mundo. En este hermoso y ancho mundo, hay muchas maravillas, excitación y conocimiento. Hay también mucho que es destructivo y dañino. Y en medio de toda esa mezcla hay otro montón que es muy interesante y bastante bueno.
 A todo esto a menudo oirás mensajes diciéndote que tengas fe. Y es difícil saber, siempre, exactamente, qué fe es o dónde ponerla.

Puede que hayas oído que la fe significa aceptar lo que se te dice, incluso aunque no encuentres razón racional para creerlo. Esta es una versión de la fe bastante sombría y diluida. La fe no es aceptar algo aunque no veas la razón para hacerlo. No es tomar la palabra de otra persona por la verdad absoluta. No es sofocar preguntas, incomodidad o dudas y que te sientas obligada a forzarte a creer.   

Lo que espero transmitirte cuando te hablo de la fe es una fe que trasciende dogmas y regulaciones. Lo que espero cuando te impulso a tener fe es una fe basada en acción y esperanza.
Puede ser duro saber en qué creer. Sé por experiencia, que casi todo lo que parecía seguro y firme en un punto puede volverse incierto más tarde. De todas las cosas en las que alguna vez he creído, sólo hay una que nunca me ha fallado – y esa es el amor.

Cuando las cosas se ponen difíciles, y sientes que estás “viendo como a través de un cristal, oscuramente”, ten fe en el amor. El amor de Dios, el amor de la familia, el amor de los amigos y el amor a ti misma. Experimentarás subidas y bajadas durante tu vida pero si consigues mantener la fe en el amor, te encontrarás a ti misma creando amor en espacios donde no se podía hallar antes.

Tener fe en el amor es algo poderoso. Te expande. Te conforta. Y lo más importante, te ayuda a creer lo suficiente como para actuar.

La fe real es la fe activa. Es acción fundada y motivada por el amor. La fe puede llevarte a acciones que requieran verdadero heroísmo y llegar así a gente por todo el globo.

Puede llevarte a acciones que son pequeñas, y sin embargo poderosas. Mientras tengas amor en tu corazón, y lo manifiestes a través de tus acciones, pasarás por las situaciones y estarás bien.

Cuatro jóvenes estudiantes negros tuvieron fe en sí mismos en Febrero de 1960. Encarando la violencia física y un increíble acoso ocuparon cuatro asientos en una barra para blancos de un local segregado en Greensboro, Carolina del Norte. Su pacífica fe y su profunda fortaleza inspiraron a cientos más en su comunidad a creer, y eventualmente su amor se extendió a través del país. De manera asombrosa, su fe prevaleció. El amor venció al odio.

Como miembros de la iglesia SUD tienes una herencia de fe. Hombres y mujeres se sacrificaron enormemente para establecer esta comunidad. Tuvieron fe unos en otros, en lo que podían lograr, y en su visión compartida; y pusieron todo lo que tenían en esa fe. Los pioneros que atravesaban las planicies no lo hicieron a ciegas, sólo porque alguien se lo dijo. Eso nunca les hubiera dado la suficiente fortaleza para conseguirlo. Sino que fueron conducidos e inspirados por su amor a la comunidad y a Dios. Tenían la suficiente fe como para avanzar, un día tras otro, y seguir viviendo.

Alice Paul tenía fe en su visión para el futuro. Sin pararse a pensar en el ridículo o la amenaza para su seguridad, incluso en la cruel tortura, ella, y millones como ella, se negaron a dejar de luchar por obtener el sufragio femenino. El fruto de su fe, el derecho femenino a votar, puedes sentirlo hoy, directamente, en tu vida, casi un siglo después de su lucha. Esa es una fe poderosa.

Toda esa gente era gente de fe. Y por fe no me refiero a gente de ninguna religión en particular. Quiero decir gente que tenía fe en la visión de un futuro mejor, y la valentía de actuar en base a esa visión.
No es una fe pasiva la que reside en tu corazón. Es una fe activa la que vive en tus manos, tus pies y tu voz.

Este es un hombre de fe.

Esta es una mujer de fe.

Hay mucho que necesita ser cambiado en este mundo. Se nos ha dicho que si tenemos la fe suficiente, podemos mover montañas. Quizá en nuestro tiempo las montañas no son lo que realmente necesita moverse. Un mundo lleno de violencia y opresión, con tanto potencial para la belleza, es lo que realmente necesita ser movido. Si escoges el amor, y tienes fe en ti misma, podrás tener el poder suficiente como para comenzar ese movimiento.